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Pepe coge sus artilugios una tarde a la puesta del sol y se acerca a ese lugar para él especial. Allí encuentra la calma, en donde todo se paralizarse, el cielo es más hermoso, donde los vientos tienen un lenguaje mágico. A lo lejos un conjunto de casas blancas de donde proviene griterío infantil. A Pepe le encanta contemplar como van cogiendo formas las nubes hasta hacerse una figura que él ve por instantes diferente.
De pronto lo prepara todo, espera el momento adecuado para que el sol tenga ese brillo, esa tonalidad amarilla que anhela. Tira varias. Comprueba las tomas, hace los retoques oportunos y la envía, con una hermosa dedicatoria a una desconocida a la que le une su pasión por el arte.
A muchos kilómetros la mujer de pelo cano, mira a su vez los cielos rojizos que como un techo decoran la mar y ante su hoja de papel en blanco, observa la fotografía. La mira con detenimiento una y otra vez e intenta describir lo que él ha visto, observando la inmensidad de los colores mezclándose la gana de añil y áureo del atardecer, en las aguas mansas.
Sigue el viento lentamente recorriendo el Mediterráneo hasta llegar al estrecho y unirse al Atlántico y dos gaviotas blancas se dirigen, una hacia el jardín donde Pepe lee un libro de aventuras y otra a la terraza de la mujer de pelo cano que intenta imitarlo haciendo una instantánea de los cielos encabritados de una mañana fría y húmeda del mes de enero.
Para MELKART(pepe jaime)
Este microrrelato ha sido seleccionado para una revista de literatura para mi importante. Gracias por la foto que lo inspiró.
Hermosa foto, María, donde se mezclan "la gana de añil y áureo del atardecer". Me gustó también tu relato...
Terminadas mis vacaciones, cayó la primera lluvia, que fue enfriando las tardes entre este violento Pacífico y la "majestuosa y blanca montaña".
Un abrazo.
Esplendido y bello cielo, con una luz y colores preciosos.
Y hermoso y bello relato, felicidades.
Preciosa dedicatoria para Pepe.
Un abrazo para los dos.
un cielo en llamas. El contraste de tonos fríos y cálidos te ha quedado magnífico.
Me has hecho recordar los magníficos atardeceres que pude disfrutar en la costa andaluza. Por nostalgia dirán los racionales mas poco importa, pero en esos días, con mi hijo a 10000 km, me gustaba pensar que el sol me dejaba a mí para darle sus últimos rayos a él en América. Los husos horarios dicen otra cosa, pero reitero... poco importa. Gracias por compartirla.